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sábado, 30 de abril de 2011

Ha muerto Ernesto Sábato a los 99 años


En la serenidad de su hogar, íntimo, como fue su vida, acaba de extinguirse la vida de Ernesto Sábato, acaso junto a Borges, las cimas de una literatura que le dieron carácter e identidad a las letras argentinas. Fue el representante de una generación que utilizó las letras como pancarta política y como reclamo social.

Formó con aquellos hombres polifacéticos ese privilegiado clan de los que habían abarcado al mejor estilo de los clásicos, en metáfora luciente, esa polifonía de conocimientos: escritor, ensayista, físico y hasta pintor.

No le importó la crítica, ni cuando Osvaldo Bayer lo acusó de formar parte de la “hipocresía argentina” y estuvo lejos de cualquier obsecuencia frente a los poderes de turno; prueba de ello fueron sus siete ensayos “Apologías y Rechazos” (1979) donde abordó sin temor la crítica al sistema educativo argentino desafiando la censura impuesta por los militares.

Tal vez, le cupiera acertadamente la sentencia que Terencio expresa en sus versos “Soy humano, y nada de lo humano me es desconocido”, donde expresa ese profundo sentimiento de solidaridad humana; rasgo que Sábato supo demostrar a través de su militancia por los derechos humanos, como se recordará al frente de la CONADEP, una vez terminada la dictadura militar, libro donde se condensaron las denuncias sobre desapariciones y violaciones a los derechos humanos cometidos durante ese periodo tan nefasto.

Ese, el “Informe Sábato” sería la llave para sentar a las Juntas militares ante la Justicia y condenarlas. También levantaría su voz más tarde contra los casi trescientos indultos a civiles y militares implicados en el libro “Nunca Más”.

Aunque doctorado en física por la Universidad de la Plata y habiendo iniciado investigaciones en el prestigioso Laboratorio Curie de París, lo ganó la literatura y regresó a la Argentina para dar clases en la universidad, cátedra que perdió cuando publicó unos artículos contra Juan Domingo Perón. De aquella época (1945) es su ensayo “Uno y el Universo”.

Sus obras trasuntaron siempre un cierto existencialismo, como lo denuncia “El Túnel”, novela con pasajes por momento sobrecogedores. Con “Héroes y Tumbas” exhumó personajes de la historia y delató el siempre subyacente pesimismo argentino.

Supo percibir el tono surrealista del ser argentino, esa grandilocuencia y exacerbación del “yo” frente a una visión apocalíptica, que expresó en “Abaddón el Exterminador” (1974). Diez años más tarde, su obra era reconocida con el Premio Cervantes.

En el catálogo de sus obras, premiadas y traducidas por el mundo se pueden contar ensayos como “Hombres y engranajes” (1951), “El escritor y sus fantasmas” (1963), “El otro rostro del peronismo” (1956), “Tango: discusión y clave” (1963), “La cultura en la encrucijada nacional” (1973), “Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo” (1974), “Apologías y rechazos” (1979), “Antes del fin” (1998) y “La resistencia” (2000). En el año 2007 llegó a ser propuesto como candidato al Nobel de Literatura.

Los últimos tiempos los pasó recluido en el seno de su hogar, casi en el silencio. Hoy, a los 99 años ha partido dejando como legado para los argentinos una obra literaria que es uno de los grandes patrimonios de la cultura contemporánea.-

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