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viernes, 26 de agosto de 2011

A 60 AÑOS DEL HISTÓRICO RENUNCIAMIENTO


El pasado 22 de agosto, se cumplian 60 años del histórico renunciamiento de Evita a su candidatura a vicepresidente de la Nación en la fórmula que proponía la reelección del general Perón. En un momento actual donde nadie quiere renunciar ni a ser vocal de una sociedad de fomento, esa gran mujer dio un ejemplo a las futuras generaciones de políticos argentinos.

En efecto, el 22 de agosto de 1951, Evita mantuvo aquel histórico diálogo con la multitud que se había congregado en un virtual cabildo abierto en la avenida 9 de julio y Belgrano, en el edificio que entonces era el ministerio de Obras Públicas y hoy alberga el de Desarrollo Social de la Nación.

Fue la mayor concentración popular que recuerde la historia en un acto político.
Dos millones de personas, según tituló el diario La Razón de la época.

Por primera vez iban a votar las mujeres en el país. Pero sectores del Ejército, liderados por el general Eduardo Lonardi, subterránea y férreamente, se oponían a la candidatura de Eva.

El acto comenzó cuando llegó Perón con todo su gabinete pero sin Evita. Habló primero el secretario general de la CGT, José Espejo, que luego de unas pocas palabras se retiró del palco para volver de inmediato acompañando a Evita, cuya presencia provocó un estallido de euforia en los asistentes.

Espejo expresó entonces la propuesta popular y planteó las candidaturas de Perón y Eva Perón para las elecciones del 11 de noviembre de aquél año.

A continuación habló “la abanderada de los humildes” quien identificó esa concentración con el 25 de Mayo de 1810 y el 17 de Octubre de 1945. Se dirigió a sus “grasitas” recordándoles que la oligarquía estaba al acecho, elogió a Perón pero no hizo referencia concreta a su candidatura. Y llegó el turno del General, que tampoco se refirió a las candidaturas mientras la gente lo interrumpía y pedía la proclamación de la fórmula.

Espejo propuso entonces pasar a un cuarto intermedio hasta el día siguiente; la respuesta de la multitud fue unánime, “No”.

La insistencia de la gente provocó que volviera Evita al micrófono, quien pidió un plazo de cuatro días para decidir: ”Mis queridos descamisados-comenzó diciendo ella- yo les pido a los compañeros de la CGT, a las mujeres, a los niños, a los trabajadores aquí congregados, que no me hagan hacer lo que nunca quise hacer. Yo les pido a la Confederación General del Trabajo y a ustedes, que para una decisión tan trascendental en la vida de esta humilde mujer, me den por lo menos cuatro días más para pensarlo”.

Le respondieron nuevamente que no.
Ella entonces pidió dos horas y, luego de insistir que “renunciaba a los honores y no al puesto de lucha”, se puso a llorar en el hombro de Juan Domingo Perón.
Fue un diálogo de varios minutos, y Evita fue interrumpida siete veces por la multitud que insistía en su candidatura.

“Compañeros, esta noche, son las siete y cuarto de la tarde.
Por favor, a las veintiuna treinta de la noche, yo, por radio...” Pero el pueblo, llegado desde todas las provincias, coreaba, exigente: "¡Ahora! ¡Ahora!". Tras una larga ovación, con voz quebrada, Eva respondió, “Compañeros, como dijo el general Perón, yo haré lo que diga el pueblo” y posó su llanto sobre el hombro del general, creando la imagen que una foto hizo histórica.

El 31 de agosto, sin embargo, en un mensaje por radio, Evita renunció definitivamente a ser candidata. Los militares y su cruel enfermedad la habían vencido y la apartaron del rumbo que ansiaba la mayoría de argentinos.

Su físico se derrumbaba día a día.
Pero su voluntad la sobreponía y en la jornada de la segunda asunción presidencial, acompañó al general en el auto descapotado que recorrió la avenida de Mayo. Nadie sabía, que debajo de su tapado de piel, los médicos le habían hecho colocar un soporte ortopédico en su espalda, para que pudiera estar erguida. Sus dolores eran inmensos. Un año después, el 26 de julio de 1952, se iba a convertir en la Jefa Espiritual de la Nación.

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